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Rayos X. El 8 de Enero de 1914 se efectuó la primera aplicación sanitaria de la radioterapia para tratar el cáncer.

Rayos X. Hoy 8 de enero de 1914 se efectúa la primera aplicación sanitaria de la radioterapia para tratar el cáncer.

El empleo de la radioterapia como tratamiento habitual en determinadas enfermedades data de hace ya más de un siglo. A partir del descubrimientos de los rayos X en 1895 por Wilhelm C. Röntgen y sobre todo cuando más tarde Marie Curie logró definir las propiedades del radio –su capacidad para emitir partículas radiactivas-, se desarrollaría esta técnica curativa. Ambos descubrimientos debidamente combinados convirtieron a Röntgen y Curie en los padres de la radioterapia.

Es un tipo de tratamiento oncológico que utiliza las radiaciones para eliminar las células tumorales –generalmente cancerígenas- en la parte del organismo donde se apliquen; se trata, por tanto de un tratamiento local. La radioterapia actúa sobre el tumor destruyendo las células malignas, impidiendo que crezcan y se reproduzcan. Esta acción también afecta a los tejidos normales, pero los tejidos tumorales son más sensible a la radiación y no pueden reparar el daño producido de forma tan eficiente como lo hace el tejido normal, de manera que son destruidos al bloquearse el ciclo celular.

Esta técnica sanitaria ha ido evolucionando con los avances científicos de la física, de la oncología y los ordenadores, que han producido una mejora tanto de los equipos como de la precisión, calidad e indicación de los tratamientos. La radioterapia sigue siendo en la actualidad, junto con la cirugía y la quimioterapia, uno de los tres pilares del tratamiento del cáncer.

El primer informe de una curación a través de radioterapia data de 1899, aunque será el 8 de enero de 1914 cuando el hospital Middlesex de Londres utilice el radio por primera vez para tratar el cáncer. Celedonio Calatayud, primer médico español en utilizar la radioterapia en la lucha contra el cáncer, introduce esta técnica en España en el año 1906. La oncología adquiere su carácter de disciplina médica en 1922. Varias décadas más tarde, la aparición del acelerador lineal –un aparato que emite radiaciones-, en 1953, y el uso del cobalto supondrán un gran avance científico en este terreno.

Hasta la década de 1980, la planificación de la radioterapia se realizaba con radiografías simples y verificaciones 2D (en dos dimensiones), con el inconveniente de que el radioterapeuta no tenía una idea certera de la localización exacta del tumor. A partir de entonces, con la radioterapia conformada en tres dimensiones (RT3D) y gracias a la ayuda de la TC (tomografía computarizada) y a los sistemas informáticos de cálculo dosimétrico, se obtienen imágenes virtuales de los volúmenes que han de ser tratados, lo que permite concentrar mejor la dosis.

A partir de la década de 1990, otras técnicas de imagen, como la resonancia magnética, la ecografía y la PET (tomografía por emisión de positrones), se han incorporado a la planificación de la radioterapia: con ellas se obtienen una delimitación más exacta del volumen tumoral que permite respetar los tejidos sanos.

 

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